El Hombre Conciente observa asombrado un nuevo milenio. Atrás han quedado las utopías de principios del siglo XX, pasando por el escepticismo nihilista posmoderno que ha hecho tambalear los convencionalismos en que nos hemos formado, y horrorizado, observa un adormilamiento de la conciencia social, generalizado en casi toda la Humanidad. Ya no caben las clásicas distinciones de clases dentro de este fenómeno, pues afecta a todos los estratos sociales. Paradojalmente, el Hombre se considera libre, amo y señor de su destino. Se muestra a sí mismo como un proyecto en constante evolución o replanteo, muy lejos de la coacción que haya sufrido a manos de sistemas totalitarios o de la explotación laboral sistematizada.
Sin embargo, esa libertad es ficticia. El Hombre ha cambiado el yugo de la explotación, tal como la conocimos antes o durante el siglo XX, por una nueva forma de coacción: la AUTOEXPLOTACION.
El individuo se convirtió en un “sujeto de rendimiento”, al decir de Byung. Ahora es una máquina eficiente de Auto-exigencia Productiva. El mismo, necesita optimizarse permanentemente para rendir más, a expensas de su salud física y psíquica.
la razón de este fenómeno, es que el capitalismo siempre está más adelante en su ambición y voracidad por ganar dinero y poder , y por ende piensa por adelantado en nuevas formas de explotación . Ya no necesita de las fuerzas represivas, para ejercer su voluntad en contra del pueblo trabajador. El Hombre se explota a si mismo, puesto que el sistema ha inventado, aprovechando el gran desarrollo tecnológico y comunicacional de este nuevo milenio, un depurado yugo, imperceptible para la adormilada Humanidad, y se llama: CONSUMO.
El sistema de poder, a través del manejo de la economía y las finanzas, se retroalimenta aumentando la producción, que a su vez es fomentada por la demanda del mismo trabajador, el cual desea satisfacerse y auto-realizarse a través de la adquisición de los mismos productos que fabrica con su propia voluntad. El sistema neoliberal reinante, ha convencido al trabajador de que si se esfuerza lo suficiente, trabaja más y más, y se dedica por completo a la vida del “rendimiento laboral” , sea en relación de dependencia, o por cuenta propia, podrá acceder a un maravilloso universo suntuario, lleno de objetos de deseo y autosatisfacción. El poseerlos hace creer al desprevenido y auto-exigido trabajador, que se halla en proceso de Auto-realización, haciéndolo integrante y partícipe del imaginario círculo de la MERITOCRACIA.Desde allí ha de mirar de soslayo, a aquel que no ha obtenido suficientes Bienes Materiales, y que el atesora como verdaderos trofeos, gracias a sus “meritorias” aptitudes y esfuerzos., catalogando de flojos o tontos a aquellos que se ven en aparente desventaja material. Ha de avergonzarse de sí mismo cuando sus ideales estándares de vida, impuestos por el propio consumismo, no logren alcanzarse, y de allí a la depresión solo hay un paso. Acusará al Estado de ser quien se lleva el fruto de su sacrificio, odiará al verdadero pobre, y al necesitado que debe recurrir a la degradante dávida del subsidio estatal, aduciendo que esos “inútiles” consumen los recursos, que él cree que le corresponden por sus méritos. Así se convertirá en el más abyecto siervo que empuja el carro de los vencedores. Terminará abrazado a los ideales neoliberales del libre-mercado, cumpliendo en sí mismo, el Síndrome de Estocolmo, identificándose con los mismos captores que han diseñado la jaula mental en la que el mismo se encuentra prisionero.
En estos Procesos de Distorsión de objetivos reales en la humana conciencia, es que hacen caer al trabajador y la sociedad entera. Ya no hay proletariado, burguesía, explotadores ni explotados. En el mundo neoliberal, cada cual se explota a si mismo bajo la bendición de un nuevo dios: el Consumo.
Ni siquiera Marx pudo haberse imaginado un proletariado que se explotase a sí mismo. La nueva y eficaz forma de coacción pasa a través de la masificación de los medios de comunicación, todos ellos en poder de las más poderosas multinacionales. La incesante carga subjetiva que genera la publicidad, mostrando imágenes de familias felices frente a una valiosísima pantalla led de 74”, y todos con su anestesiante y costoso Smartphone en mano, representan el mejor símbolo de esta época.
Continuará….



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